MI PRIMERA VEZ…CON UNA VIRGEN III

Tagged:  

Yo de nueva cuenta, me permito utilizar esta deliciosa vag… ¡NO! Página (¿EN QUÉ ESTARÉ PENSANDO?), para contarles otra de mis experiencias, que me han permitido disfrutar el placer más delicioso: EL SEXO (¡AAAAHHH! YA ME ACORDÉ).
Bueno pues ya les conté mi primera vez, con la asistente del Profr. De Biología y con mi actual esposa a quien inicié en el delicioso arte de HACER EL AMOR.
Después de mi primera vez, mi relación con la asistente del profe duró como 2 años, hasta que ella se graduó y se fue a otra ciudad, donde le ofrecieron un magnifico puesto como laboratorista en jefe, ahí se casó y tiene dos hermosas hijas; aunque eso no impedía que cuando ella viajaba cerca de la Cd. de México, o yo andaba cerca de su ciudad de residencia, nos veíamos para tener momentos de sexo desenfrenado; hasta casi creo que una de sus hijas no es de su marido, a quien conozco, sino mía, y les relataré las circunstancias en las que se dio en mi mente esa idea.
Por un congreso al cual fue invitada nuestra universidad en la ciudad de Monterrey, al norte de México, donde ella radica, asistimos varios profesores y estudiantes. Yo cursaba ya el último semestre de la Licenciatura en Ciencias Biológicas y era el asistente de la Titular del Laboratorio (a la también me tiré…pero luego se los cuento).
Con tiempo, le avisé que estaría varios días en su ciudad, y el día de mi llegada me esperaba en el aeropuerto. Nuestro encuentro fue realmente espectacular, pues al verme corrió a mis brazos y nos fundimos en un apasionado y sensual beso, que nos hizo estremecer de pasión.
Sin perder tiempo, nos dirigimos a un hotel cercano, en el que ella había reservado una habitación; en el elevador la acaricié por las partes que sabía la excitaban: los redondos pechos, las duras y deliciosas nalgas, mientras ella sobaba deliciosamente mi erecto miembro, se volteó y colocó sus nalguitas presionando mi pene que se endurecía cada vez más, mientras yo masajeaba sus redondos cántaros de miel, subiendo nuestras temperaturas al máximo y que si no fuera por el temor de ser descubiertos lo habríamos hecho allí mismo.
Al entrar en la habitación, nos fundimos en un beso cargado de pasión y deseos, por algún tiempo reprimido, pero que en esos momentos se desbordaba como en cada encuentro que teníamos, aunque yo presentía que este era muy especial.
Lentamente fui desnudando ese hermoso cuerpo, que tan bien conocía, pero que cada vez que lo hacía, me daba la impresión de que era la primera vez; besaba cada centímetro de piel que quedaba al desnudo, mientras ella gemía suave y deliciosamente:
- ¡Mi cielo, tómame, cojeme, hazme tuya, solo tú me has hecho sentirme una mujer plena!
- ¡Si mi reina, y tu eres lo mejor que me ha pasado en la vida, disfrútalo, gózalo corazón!
- ¡Por favor mi vida! ¡tómame ya, por lo que más quieras!
Para esos momentos ya estábamos totalmente desnudos, y yo seguía disfrutando al besar, morder, lamer, cada centímetro de su tersa piel, mientras ella se frotaba contra mi miembro totalmente erecto y listo para entrar en todos y cada uno de sus orificios.
Se recargó contra la pared, forrada de suave y cálido corcho español, yo me coloqué de rodillas frente a ella y comencé a darle una mamada a su velludito y mojado coñito, ella abrió al máximo sus piernitas, dándole total entrada a mi lengua, que penetró en la ardiente cueva, saboreando los deliciosos jugos que de ella emanaban, brindándonos a ambos un placer conocido y a la vez nuevo cada vez que teníamos un encuentro sexual.
Mi lengua devoraba cada gota de miel que salía de su vagina estremeciéndose hasta que un tremendo orgasmo la sacudió y casi la hizo desmayarse, me puse de pie a tiempo para sostenerla en mis brazos, y pasando mis brazos por debajo de sus piernas, la levanté hasta colocarla a la altura de mi erecto pene, ella rodeó con sus brazos mi cuello y con sus piernas mi cintura; y así de pie y ella en mis brazos, abrazada a mí y recargada en la pared, se la metí profundamente, arrancándole un sensual y tierno gemido de placer:
- ¡Ahhhhh! ¡Mi vida, eres increíble y que hermosura de verga tienes! ¡Siento que voy a tocar el cielo mi rey!
- ¡Mi niña, no sé porque, pero no puedo vivir sin meter mi verga en ese coñito que parece un horno ardiente! ¡Yo siento que me quemo dentro de ti!
Mi pene se movía frenéticamente dentro de la ardorosa vagina, de tal manera que en pocos momentos logré que ella llegara a otro intenso orgasmo, mientras mi lechita se derramaba en su interior.
Sin salirme de ella, la llevé en vilo hasta la cama y, como mi miembro no había perdido su erección, volví a bombear mi dura verga dentro de su coñito que lo recibía abriéndose totalmente al entrar y apretando al salir aumentando el roce, con la misma vehemencia y pasión con la que yo se la metía y sacaba.
De pronto se la saqué y la hice colocarse de “perrito”, en esa posición se la volví a meter de un solo empujón, llegando casi a tocar su útero. Esta posición me encanta, pues así las tengo totalmente a mi merced, sujetando sus caderas, la hacía moverse hacia atrás y hacia adelante, primero con lentitud, gozando y haciéndola gozar, sintiendo como se estremecía de pasión; poco a poco acelerando el movimiento, deslicé mis manos hasta sus turgentes senos, masajeándolos, pellizcando los rosados y duros pezones, provocando en ella estremecimientos que la hacían sacudirse como con descargas eléctricas, motivándola a mover sus caderas cada vez con más fuerza y velocidad, hasta que se vino en un tremendo orgasmo y yo me derramé en su interior caliente, con una oleada de hirviente esperma.
Ella se dejó caer en la cama, y yo deliciosamente encima y aún dentro de su vagina, que se derramaba con sus jugos y los míos. Permanecimos así durante un buen rato, hasta que ella me dijo:
- Si en este momento muriese, no me importaría.
- No digas eso, aún nos falta mucho por vivir y disfrutar
- Tienes razón, además no estoy pensando en mi hija.
- ¿Por cierto como se encuentran ella y tu marido?
- Muy bien, él anda de viaje, se fue a Canadá a un seminario de Impactos Ambientales y tardará un mes en regresar.
- Entonces, tenemos todo el fin de semana para vernos.
- Ya no hables, y cojeme otra vez.
- No necesitas repetirlo
La volví a aponer de “perrito”, y tomando de mi maleta un pomo de vaselina le unte abundantemente su culito, y lo mismo hice con mi verga; colocándoselo en la entrada lo hice entrar con delicadeza pero firmemente hasta llegar a la empuñadura y empezando poco a poco a bombear, con mis manos le hice en su coñito una masturbada que la puso en la excitación más candente de esa noche, gritaba de placer, lloraba de dolor, se estremecía de pasión y yo la penetraba cada vez con más furia, mientras su esfínter anal se abría al entrar mi glande y se cerraba al salir aumentando el frote y las sensaciones de placer, que nos llevaron a un nuevo orgasmo, ella en una venida fenomenal y mi verga explotando en un chorro de blanca y caliente lechita, que con su tibieza vino a refrescar el ardor de su lindo culito.
Esa noche lo hicimos hasta quedar exhaustos: en la ducha, el “69”, dos veces la “misionera”; y lo mismo todo ese delicioso fin de semana, hasta que tuve que regresar a la Cd. de México, y no volví a saber de ella hasta varios meses después, en que me avisaba que iría a visitar a sus padres en esta bella ciudad, pero que iría con toda su familia y no podríamos vernos, ya que además estaba EMBARAZADA.
Cuando pude comunicarme con ella vía telefónica, le pregunté:
- Pequeña, ¿Cuántos meses tienes de embarazo?
- CUATRO
- Entonces es posible que sea mío
- Tal vez, pero como comprenderás, no puedo decírtelo, ni mi marido debe saberlo
- Te comprendo, pero, ahora ¿Qué?
- Es mejor que dejemos de vernos por un tiempo
- ¿Cuánto?
- No lo sé, yo te busco ¿sí?
- De acuerdo.
Y fue así como, hasta la fecha, dejé de verla, me dolió mucho la separación, sobre todo porque me dejó la duda de saber si esa hija (después supe cuando nació y que fue niña) era mía, pero comprendí que no era justo arruinarle la vida. Algún tiempo después, en una reunión de amigos, conocí a mi primera esposa, en esa reunión tuvimos nuestra primera relación, pero…eso se los cuento después.
Besitos para ellas y saludos para ellos desde MÉXICO.

Your rating: None Average: 9 (1 vote)