Transexuales

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La familia

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Este es un relato que me han enviado y lamentablemente he perdido los datos de la autora, disculpas y mas disculpas pero entre tantos archivos era inevitable que esto me sucediera en algún momento. De cualquier forma, el relato es excelente y no quise dejar de publicarlo.
Somos una familia atípica. Mis padres están divorciados, de hecho a mi padre no lo veo desde que tenia cinco años, mi madre es directora general de una multinacional y mi hermana es ...., bueno es mi hermana.

Cómo fui feminizado por un hombre

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Hola, soy Natty, 21 años. Soy varón, pero me gusta vestirme de chica y feminizarme todo lo posible (lo hago desde la pubertad, pero solo me visto en la intimidad, y casi nadie sabe). Hasta hace poco, estuve saliendo con un hombre a quien le gustaba feminizarme. Me interesa todo lo que tenga que ver con la feminización, sisificación, y sumisión guiada por un hombre, y me gustaría conocer personas a quienes también les guste (alguno de los dos roles, sissy o maestro). Aquí les cuento el principio de mi historia.
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Pretty travesti

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Esmeralda y yo solemos ir a un "Pub" privado para nosotras donde todo el mundo se trasviste, este "Pub" nos permite salir a tomar unas copas vestidas de mujer sin que esto nos suponga algunos insultos o cosas peores por parte de algún intolerante, aunque esto pasa rara vez porque pasamos por mujeres en cualquier Pub en el que entremos, pero aún así este pub nos permite un grado mayor de libertad.

Imagen de anubis3000

Las cinco amigas XV

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Cuando bajamos las escaleras, yo era una chica nueva. Estaba cansada y sudada y seguro que mi maquillaje necesitaba un retoque bastante importante, pero me sentía contenta. Ni siquiera la incomodidad de mis tendones de Aquiles y su forzado ángulo, ni la perpetua desnudez que sentía con las piernas al aire y el sexo sólo cubierto por mi blusa oscurecían mi ánimo.
—Ya era hora de que las señoritas se dignaran a aparecer —graznó Mercedes, que estaba en el pasillo, delante de mi puerta.

Imagen de lobo_estepario

DANIELITA MI PERRITA DEL COLE

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Corría por mis 15 años, un chico inquieto, callejero, a esa edad, ya sabia lo que era el sexo y lo aprendí con Sebastiana una mucama de casa, una chola, como le decimos en Perú a las mujeres mestizas-indígenas y eso me ocurrió poco tiempo antes .

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Las cinco amigas XIV

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Mi rubia tutora tuvo que consolarme con caricias en el pelo y palabras tranquilizadoras. Yo, por mi parte, estaba más que dispuesta a dejarme mimar. Me apoyó sobre su pecho, grande y duro, hasta que mis lágrimas, que por fin habían salido en torrente, amainaron de nuevo.
—Después del cambio, los primeros reconocimientos no son agradables, lo sé —me decía, cuando iba recuperando mi compostura—. Ni siquiera conoces aún tu cuerpo como para que te lo examine un desconocido.

Apuesta

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Yo tenia 26 años cuando me compre un piso y le instale en el, era una de las mejores zonas de la ciudad. A cabo de un tiempo fui conociendo a los vecinos, me fije especialmente en una pelirroja escultural, 1’80, 95, 63 y 91, unos ojos verdes increíbles y una piernas larguísimas, era mi vecina de enfrente.
Un día viniendo del trabajo nos encontramos en el portal, ella venia con la compra y yo, como buen caballero la ayude con las bolsas. Entablamos conversación y después de 15 minutos, me invito a café a las tres y media el sábado.

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Las cinco amigas XIII

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El agotamiento me venció pronto. Eran poco más de las diez cuando noté cómo se me cerraban los ojos a pesar de todos mis esfuerzos. Mi primera intención fue acostarme. Pero claro... ¡el maquillaje! Así que tuve que hacer de tripas corazón (unas tripas que seguían implorando más comida después de la escueta cena) e ir al baño a devolver mi cara a un estado natural que cada vez iba a ver menos y menos en mi vida.

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Las cinco amigas XII

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A medida que avanzaba la tarde entendí por qué Dalia nunca parecía estar en una postura relajada, aunque estuviera sentada, comiendo o de cualquier otra manera. Al parecer, mi dueño había elegido para mí que fuera elegante y sexy al mismo tiempo. Eso requería aprender toda una nueva forma de moverme, de sentarme y hasta de comer. En algunos puntos me parecía a los juegos gestuales de mi nueva amiga, pero en otros me separaba. Ella era más... vulgar hasta en eso. Pero mayor elegancia representaba también mayor artificiosidad y más esfuerzo.

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Las cinco amigas XI

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Cuando recogí la bandeja con la comida, lo que encontré era tan escaso que me dieron ganas de llorar: un plato de espinacas hervidas y un filetito de pechuga de pollo a la plancha. Ni la sonrisa comprensiva de la camarera me animó.

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Las cinco amigas X

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En mi vida anterior, ir a la peluquería era un trámite que tenía que cumplir cada dos meses más o menos. Entraba en el local de Luis, un señor mayor y calvo (como casi todos los peluqueros, curiosa paradoja) y le preguntaba si tenía un rato para cogerme. Me sentaba en la una butaca que parecía tener cien años y a los veinte minutos salía con la cantidad de pelo imprescindible para peinarme. Y eso era todo.

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Las 5 amigas IX

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Me acerqué directamente a la persona que atendía el bar. Era una mujer de unos cuarenta y tantos años, muy bien conservada. Estaba sentada delante de la caja registradora. Tenía el pelo rubio (creo que no he visto tantas rubias juntas en mi vida) en un conservador peinado recogido en un moño bajo. Era muy delgada y sólo destacaban dos impresionantes pechos, algo caídos, en su figura recta como la de una escoba. Vestía un feo uniforme de camarera de rayas verdes y blancas muy juntas, pajarita incluida.

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Las cinco amigas VIII

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Apenas un minuto más tarde estaba de nuevo sentada ante el tocador donde Isabel había depilado mis cejas la tarde anterior. Reparé que estaba lleno de productos que no había visto en mi última visita.
—Todo esto es lo que vas a tener que aprender a usar, Laura —me dijo Isabel con su voz siempre agradable.

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Las cinco amigas VII

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Entré al baño y cerré la puerta detrás. Dejé la maquinilla y el gel sobre el lavabo. Ahí me tenía de nuevo, delante del espejo. El pelo era una auténtica maraña y tenía ojeras de haber llorado y de no haber dormido lo suficiente (¿o lo había hecho?. Seguía sin saber qué hora era... ni qué día, ni siquiera qué año). Suspiré y me quité el pijama. Volví a mirar mi cuerpo desnudo. Me fijé de nuevo en mis diminutas tetas. ¡Joder! ¡Ni siquiera estaban proporcionadas!. Eran una pequeña protuberancia con una gran aréola ligeramente abultada y un pequeño botón en la punta.

Una nena más en la familia

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Primero que nada quiero reconocer a esta pagina por su calidad tanto en diseño como en contenido, fue esta página quien realmente me motivo a escribir mi historia, que a continuación relatare.

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Las cinco amigas VI

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Había amanecido cuando Isabel abrió la puerta con energía. Yo estaba dormido y casi me cuelgo de la lámpara del susto.
—¡Arriba, perezosa! —dijo con su voz cantarina y aparentemente siempre feliz—. ¡El día ya ha comenzado y hay un millón de cosas por hacer!

Sorpresa a mi novia en el coche

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Vivo con mi novia Ana, desde hace un par de años. Tiene 25 años y lo que más destacaría de ella es su dulzura. Es como una muñequita. Nunca lanza improperios, su tono de voz es cálido y pausado,... exquisitamente educada. En fin, hasta nuestros amigos tienden a llamarla "Anita". Físicamente es menudita, pero con curvas bien definidas. Sus pechos son "melocotones" firmes, que mis manos abarcan a duras penas y su trasero respingón, muestra una piel tersa y de carne tonificada.

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Las cinco amigas V

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De nuevo con mi pijama y sola, volví a la habitación. Mi primer deseo al llegar a ella fue darle dos patadas a las estúpidas sandalias y caminar a gusto y descalzo. Me costó unos segundos entender que no podía hacerlo. Que para mí, la comodidad en los pies era ahora precisamente esa herramienta de tortura que llevaba puesta. Suspiré frunciendo el ceño y los labios en un gesto infantil que no era propio de mí... pero representaba muy bien cómo me sentía.

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Las cinco amigas IV

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Isabel me sacó de mi habitación. Me cogió de la mano para llevarme a otro recinto dentro de la misma planta.
—No, no —me dijo en cuanto empecé a andar—. No lo hagas así... Para caminar con esos tacones tienes que cimbrear las caderas... Mover el culo de un lado a otro y poner los pies como si lo hicieses por una cuerda a diez metros de altura... así...

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Adrian , Adriana III

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Afuera todos bebían, reían y escuchaban música: eran pocos los que bailaban. Nadie se dio cuenta cuando entreabrí tímidamente la puerta de mi dormitorio. Silvia bailoteaba al otro extremo de la pequeña sala de mi depa, sosteniendo su bebida en una mano, y acariciando el musculoso torso de un guapo muchacho que la veía divertido, apoyado junto a la puerta de la cocina.

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