Un profesor cogelon
Hola queridos amigos, Soy Abigail, tengo 21 años y estudio mi carrera. Siempre he sido una buena estudiante y la niña mas mimada, por ser hija única. Tengo algunas amigas en el cole y muchos pretendientes a los que ni por asomo aliento. No he sido nunca de las que coquetean y luego le dan entrada a los chicos. Mas bien he sido la inalcanzable a la que nadie molesta, pero a la que todos desean. Y eso me gusta.
Todos me trataban bien y yo me dejaba querer. Y así transcurría mi vida, pero por otro lado siempre en la soledad de mi cuarto anhelaba el calor de otro cuerpo junto a mi, el despertar sexual ya era un grito desesperado de parte de mi cuerpo.
En ocasiones me despertaba a media noche bañada en sudor porque había experimentado algún sueño húmedo que cada vez se volvían mas reales. En los que sentía claramente el magreo de mis carnes por unas manos grandes, varoniles que me hacían vibrar cuando me estrujaban. Cuando me apretaban firmemente hacia otro cuerpo, el cuerpo de un hombre que encarecidamente me hacia ver su deseo hacia mi.
Cada vez que soñaba podía ver el torso desnudo de ese hombre musculoso, sus manos fuertes, sentía su respiración golpearme el rostro en cada embestida, su pene inflamado de deseo entre las piernas tratando de invadir mi virginal vagina. Pero jamás podía ver su cara o escuchar siquiera su voz pidiendo poseerme, solo podía escuchar los gemidos que me despertaban abruptamente y descubrirme bañada en sudor y con mis propias manos acariciando ferozmente mis labios íntimos.
Este suplicio continuo por algunos meses, que fueron una agridulce tragedia para mi, porque empecé a levantarme tarde, después de no haber dormido bien, o a dormirme en clase que era lo peor, porque mis calificaciones bajaban como marea al amanecer y eso ya empezaba a tornarse difícil.
Mis padres consideraron un curso para ponerme al corriente después de terminar el semestre y no pude negarme aunque esto significara no ir de vacaciones ni salir con mis amigas.
Acudí el primer día al instituto donde tomaría mis clases, me indicaron un aula y me dirigí hacia ella. Confieso que incluso iba algo molesta por la desmañanada y ni siquiera ponía atención al caminar, de pronto tropecé con un extraño y lo primero que hice fue agarrarlo a gritos.
- Que no ve por donde camina, o acaso esta ciego?? -
- Disculpe señorita pero la que no veía por donde iba era usted, no culpe a los demás de su torpeza ¡ -
Apenas pude verlo porque inmediatamente me agache a recoger mi libreta y mi largo cabello cubrió mi cara, pero si pude ver sus manos que se apresuraron a ayudarme con mis útiles. Y las vi! Eran las manos de mis sueños, velludas, morenas, tan varoniles como delicadas porque se veía que era de esos hombre que cuidan su apariencia, bien cuidadas y con un aire fino.
Quede congelada de la impresión y hasta temía levantar el rostro y encontrarme con un esperpento que hiciera esfumarse mi creciente interés en el hombre que tenia enfrente.
Lentamente subí la mirada y unos hermosos ojos miel aparecieron, poblados por un par de cejas pobladas que simulaban un felino a punto de atacar, su mirada encendida me provoco un ligero temblor que rápidamente disimule y en un santiamén estaba de pie de nuevo.
- Ehh disculpe entonces, pero si fuera atento me habría esquivado, lo siento-
Y reanude mi marcha con un paso nada seguro, pero lo suficientemente lento como para recobrar la compostura. Si hubiera volteado seguro habría notado una sonrisa en los labios del hombre. Pero lo único que pude hacer fue continuar mi marcha hasta el aula, en la que seguro las clases ya habían comenzado.
Tome asiento y note que los pocos alumnos que estaban en ella lucían aburridos, casi impacientes ya. Me sentí mas tranquila de no haberme ganado una reprimenda por llegar tarde y me dispuse a esperar.
No habían pasado ni dos minutos, en los cuales ya había olvidado casi por completo mi raro encuentro cuando un espectacular hombre se detuvo en la puerta del aula, llevaba un par de libros bajo el brazo y unos lentes en las manos. Vestía formal en tonos azules, caminaba con una soltura envidiable para su edad, frisaba los cuarentas y ya lucia en las sienes unas canas que mas que restarle atractivo le hacían ver irresistible. Debía medir algo mas de 1.80, tenia unos brazos llenos de músculos que se adivinaban por debajo de la camisa y unas piernas envidiables que lo llevaron rápidamente al otro lado del salón.
Era el hombre que me había atropellado, el dueño de esas manos de mis sueños. Una sonrisa enigmática apareció en su rostro al verme sentada entre los demás asistentes. Tomo asiento en el escritorio y casi me aprecio pequeño el lugar, de pronto todo lo demás había desaparecido y yo solo era consciente del latido de mi corazón que me llegaba hasta las sienes y de aquel hombre que se me antojaba un adonis en toda su extensión.
Casi obligue a mi cuerpo a desviar la mirada de aquel perfecto espécimen, ninguno de mis sentidos funcionaban para ese momento, yo solo podía verlo y nada mas. Cuando fui capaz de voltear la mirada el hablo. Y una voz que se me antojo de Ángeles dijo.
- Bien jóvenes, soy su maestro por los siguientes 30 días, me llamo Diego y desde ahora cada duda acerca de las clases, cualquier comentario me lo podrán comunicar, estoy a sus ordenes, quedo claro? -
Todos sin excepción asintieron y yo luchando contra mi caprichoso cuerpo apenas dije si.
-Perfecto, así me gusta eh, todos deben concentrarse mucho porque estaremos contra reloj para poder avanzar y que ustedes puedan tomarse aunque sea unos días de vacaciones. Abran sus libros en la pagina...
El resto del día obligue a mi mente a enfocarse en el libro que tenia enfrente y no a aquel felino que me rozaba cada que pasaba por mi butaca, haciendo alarde de su masculinidad, y a la que mi cuerpo reaccionaba por arte de magia. Estaba al borde de la desesperación cuando por fin fue hora de salir.
Todos nos despedimos, iba rumbo a la salida cuando la voz de Diego me detuvo.
- Adonde cree que va señorita, no considera que aun me debe una disculpa?-
- Este..no se la di cuando me atropello? – me llene de orgullo y le dije- creo que el que me la debe en realidad es usted, no?-
- Ah no, pero la disculpo si acepta que la acompañe a la entrada, como ve? Es un buen trato-
Asentí con la cabeza y me dispuse a controlar mi cuerpo que mas bien se me antojaba a gelatina. Pude oler su aromática loción, tan varonil como el, mezclada con el aroma que despedía su propio cuerpo y fue imposible no voltear a verlo. Me sorprendí al ver que el también me veía y con aparente interés por cierto.
- Que me ve? – lo dije casi con arrogancia, sabiendo que soy una mujer linda, y que seguramente el lo había notado.
-No puedo verla tampoco? Vaya que es usted difícil! Haber cuénteme, no tiene amigas verdad? Porque con ese genio dudo que alguien la aguante!
- Y usted que sabe, seguro hace mucho paso por mi edad, las cosas no son como en sus tiempos-
Y empecé a caminar mas rápido pero fue inútil, el me siguió y sonaba divertido cuando me hablo de nuevo.
- Ok, lo siento chiquilla, pero deberías de relajarte mas, no seas tan presumida, recuerda que soy tu maestro y deberías mostrar mas respeto!
- El respeto se gana, y desde que me conoció me ha golpeado, me ha dicho torpe y ahora quiere que me porte bien? Que descaro ¡ ya me voy!
- Tienes razón, bueno déjame disculparme llevándote a tu casa, ok?
- Solo porque ya voy tarde eh- y todo mi cuerpo reacciono a la sola idea de ir junto a el en un sitio tan pequeño como debía ser su auto. La anticipación me hizo humedecer las pantys.
Llegamos a su coche, un mustang que complementaba mi idea del salvaje que debía ser aquel hombre. Al abrir la puerta me llego un aroma a maderas, este hombre me volvía loca y ni siquiera lo había tocado aun!
El siguió mis instrucciones casi hasta llegar a mi casa y justo antes de llegar dio una vuelta en u y dijo.
- Cambie de opinión, que te parece si primero te enseño algo y después te llevo a tu casa?
- Claro que no! Estoy por llegar, déjeme aquí y yo sigo a pie!-
- Por supuesto que no nena, desde que te vi me moría por tenerte a solas y la oportunidad no la voy a dejar pasar ¡-
- Ya le dije que me deje aquí! Voy a gritar si no me deja bajar-
-Ya tranquilízate que no te voy a hacer nada, bueno nada que tu no pidas ok dulzura? A propósito, como te llamas?
-Me llamo Abigail pero eso no es cosa que le interese ok? Me esta asustando Diego, por favor déjeme bajar-
- Mira Aby no te voy a hacer daño, solo quiero enseñarte algo que seguro te va a gustar-
Siguió avanzando hasta una enorme casa a unos minutos de donde estábamos, y se bajo del auto y me abrió la puerta. Su semblante había cambiado y ya no se veía tan calmado y gentil como antes y eso me asusto, aunque también me excito sobremanera. Baje del auto pero iba temerosa todavía de que iba a pasar
Era una mansión muy elegante, aunque muy discreta, no había en ella rastros de mujer, todo se veía tan masculino como debía ser la madriguera del felino que tenia yo enseguida de mi.
El se dirigió al bar y trajo dos copas consigo, una la ofreció e hizo ademán de que me sentara, cosa que hice. Me temblaban las piernas. El aproximándose hacia mi toco una de ellas.
- Te digo algo nena? Te habría besado si no es por todos esos escuincles que había en el salón. Ya quería que terminara la clase para poder estar solito contigo.
- Si? Le gusto?- no podía creerlo!! Yo me le estaba lanzando, le estaba sirviendo el bocado en bandeja de plata.-
-Tu lo sabes, claro que si! Porque no te quitas la ropa ya para ahorrar tiempo?- dijo mientras se quitaba el mismo la camisa y se empezaba a desabrochar el pantalón.-
Estaba dejándome llevar por la calentura que sentía. Sobre todo porque ya no aguantaría ni una noche mas ese fuego que me estaba llevando a la locura, debía ser ahora o nunca y que mejor que con ese hombre que incluso se atrevía a tratarme como una puta. Eso me hacia hervir la sangre, me calentaba sobremanera que me tratara como a cualquier callejera.
Hice lo que me pidió, me quite lentamente el resto de la ropa haciéndolo tallarse con mas ahínco la tranca que ya quería ver. Y así como yo lo hice sufrir, el se hinco en el sillón y poco a poco se deshizo de su ropa interior dejándome ver un pedazo de carne inflamada que se me antojo.
Me abrió de piernas y así como estaba con el boxer enredado entre sus poderosas piernas empezó a restregarme el glande en mi panochita. Me estaba volviendo loca con esa verga en la entrada de mi cosita. Lo subía y bajaba lentamente y con su cabecita empezó a esparcir por mis labiecitos los jugos que ya empezaba a despedir de tan caliente que estaba.
- Mmmm mamiiii, te esta gustando? Uyy que rica panochita tienes eh, mira nada mas que almejita tan jugosa! Ahhh te estas encharcando del puro gusto verdad nena?
Yo solo gemía, no quería darle el gusto al depravado de escucharme gozarlo pero me restregaba tan rico esa vergota que no lo aguantaba.
- Anda dimelooooo, te gusta mi verga o no?? Mmm dime o te la quito de la vagina, andaaaaa
- Siiiii si me gusta tu vergaaaaa, no dejes de frotármela por favorrrrr
- Jajaja yo lo sabia eres putaaaa, te gusta la verga ... ya ves? Mmm ahhh me gusta tu cosita jugosa, y todavía no pruebas lo bueno mamita.
Y dicho esto me la dejo ir hasta el fondo. Ni siquiera espero a que me acomodara, asi abierta de piernas me la enterro el muy desgraciado, no pude menos que gritar del dolor que me provoco tan inmenso pedazo de carne.
- Ahhh maldito! Me duele, sacamelaaaaa sacamela por favor-
- Ni loco te la sacooooo, ahh disfruta ya veras que te gusta.
Me tomo de las piernas, que llegaban a sus hombros y me la metía bien duro, adentro y afuera como desesperado. Sentía cada pliegue de su cosota, me estaba calentando de nuevo después de la inesperada penetración con solo verlo como me estaba gozando.
Gemía tan fuerte que no me di cuenta que yo misma estaba gritando a cada acometida que me daba. De cuando en cuando se agachaba para chuparme las tetas y besarme. Ah besaba como ángel! Con su lengua me sorbía la boca y me paladeaba mientras seguía incesante metiéndome el pene en mi hasta ese momento tierna cosita.
Cuando entraba su verga me empujaba hasta el respaldo del sillón con fuerza, y cuando me la sacaba me arrastraba con el al borde y podía ver mi cosita abierta a su máxima capacidad. Mis labios parecían un chupon que le mamaban el pene y se que esto lo hacia llegar al cielo porque lo sentia gemir en cada acometida.
- Ahhh mira putitaaa como me haces gozar, mmm no puedo creer que fueras virgen con lo caliente que estas. Mira como me pusiste la verga de mojada ahhhh
-mmmm ahhhhhhh siguela metiendoooooo ahhhhh no hables-
Me tenia empalada y la verdad estaba gozando como en ninguno de mis sueños, pero de solo pensar que me le estaba entregando a un tal por cual me llenaba de vergüenza. Lo peor es que lo estaba disfrutando como puerca
- Ahhh cometelooooo andaaaa, como gozas chiquita ah y me estas haciendo venirme a mi con esa puchitaaaa-
-Mmmm ahhhhh ya no puedoooooo ahhhh metemela hasta dentrooooo
-agghhhhh yaaaaaa ya me vengooooo mmmm tennn putitaaaaa ahhh toma tomaaaaa
Casi al mismo tiempo que acelero el mete y saca para acelerar su orgasmo yo me vine como puta. Ya ni era consciente de cómo me estaba jalando hacia si con furia, como queriéndome meter todavía mas dentro, si es que se podía, la tremenda verga que se cargaba. Me baño los muslos del semen que salía por entre mis labios vaginales, y aun así seguía enterrándome la verga.
- Aahhh pero que puta me vine a encontrar contigo!! Mmm mira nada mas como estas!
Y no era para menos la expresión, tan pronto su pene salio de mi puchita esta continuaba abierta y rezumando semen y mis propios jugos, no podía ni bajar las piernas que el todavía sostenía con sus manos. Me sentía adolorida pero feliz.
Baje mi mano para tocarme la puchita y esta estaba toda roja e inflamada aun de tan feroz ataque. Frotaba con mi dedo el clítoris que parecía un penecito.
- Te digo que eres puerca, no llenas aun?- Pero eso será todo por hoy ok? Vístete rápido para llevarte a tu casa.
Y así como estaba tuve que ponerme mi ropa, con mis pantaletas me limpie lo mejor que pude. Cuando volvió llevaba puesto un short y unas sandalias.
- Vamos que no tengo todo el día! Mañana lleva puesto un vestido si? Porque quiero verte las piernas mientras doy la clase para ponerme a tono. Ahh y no uses esas bragas para poder disfrutarte cuando vengamos para acá.
Dicho esto me condujo al auto, no podía ni caminar aun, y sentía calambres en mis piernas de tanto que el muy descarado me abrió mientras me cogia, pero iba feliz.
No quería ni hablar temiendo que todo hubiera sido solo un sueño. Por fin me habían cogido como quería y no era cosa de despertar mientras aun lo tenia a un lado. Podría antojársele cogerme de nuevo ¡!
Espero que lo disfruten mucho , como yo al escribirlo. Chau!
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