Le tenia ganas a un viejo

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Una de mis fantasías preferidas era hacerlo con un hombre maduro, muy maduro, con un viejo para ser más precisa y no andar con ambigüedades.
Y digo que “era” porque finalmente la hice realidad. Hacia tiempo que me venía dando vueltas esta idea en la cabeza, y cada abuelito que veía por la calle se convertía en un potencial amante, claro que no resultaba sencillo acercarse y darle a entender a quién fuera lo que pretendía. Lo intenté un par de veces pero fracasé en el intento. Así que por un tiempote olvide de concretar mi fantasía, por más ganas que tuviera todavía lo veía muy verde. Hasta que una noche, estando sola en casa, ya que mi marido se había juntado con unos amigos, solo por probar me metí en una sala de Chat. Lo único que quería era pasar el rato. Por curiosidad abrí la página de Terra y me metí en una sala de “edades”, la que iba de los 40 a 50 años. No me anduve con vueltas, no creía encontrar allí lo que estaba buscando, pero con intentarlo no perdía nada.
“Me llamo Mariela, soy de Capital, tengo 26 años, y busco a un señor maduro para tener relaciones sexuales”, esta fue mi carta de presentación. Algunas de las mujeres que estaban presentes en la sala me acusaron de regalada, hasta de puta arrastrada, pero no les di ni cinco de pelota, en ese momento estaba más interesada en los hombres que en los insultos que pudieran llegar a hacerme. Enseguida me contestaron dos. Uno de 44 de Tucumán, y otro de ¡69!, pero de Mar del Plata. Este último hubiera estado perfecto, pero estaba lejos por lo cuál quedaba fuera de carrera. Así que seguí insistiendo, total, no tenía nada que perder y sí mucho que ganar.
“No me interesa el sexo virtual, busco algo real y concreto”, seguí. Me respondieron un par más, pero también estaban lejos.
“Me gustaría arreglar algo esta semana ya que mi marido va a andar algo ocupado”, escribí, algunos no creían lo que ofrecía, pero a esos los ignoraba por completo.
“Les dejo mi mail para que me escriban: marielainfiel@gmail.com, podemos pasarnos los celulares y arreglar para ir directamente a coger, no tengo problema”, le repetí mi dirección de mail, una que había creado especialmente para la ocasión, y salí de la sala. Por un par de días me olvide del asunto, hasta que una tarde se me ocurrió chequear el correo, por si las moscas. Grande fue mi sorpresa cuando veo en la bandeja de entrada el mensaje de un tal Joaquín con el título de encuentro. Abro el mensaje y lo leo muerta de ansiedad. En él me explica que se llama, efectivamente, Joaquín, que tiene 55 años, de profesión odontólogo y si lo que dije en la sala de Chat era cierto se ofrecía a sí mismo para hacer realidad mi fantasía. Hacia el final del mensaje agregaba su número de celular. Lo llamé enseguida, obvio.
-Hola, soy Mariela- le dije cuándo respondió con un escueto hola.
-La de la sala de Chat- agregue al darme cuenta que no sabía quién era.
-¡Ah, si!- exclamó sorprendido –Debo confesarte que no creí que fueras a llamar, pensé que todo se trataba de una broma, pero por las dudas escribí-
-Bueno te aseguro que no es ninguna broma- le confirmé.
-Ahora que me llamas veo que no- coincidió.
-¿Podemos vernos?- le pregunte.
Su voz de hombre maduro me seducía irresistiblemente.
-Cuando quieras- me dijo.
-Estoy libre ahora, si queres- me apure.
-Claro que quiero- aceptó.
Quedó entonces en pasar a buscarme por una esquina cerca de mi trabajo. A los pocos minutos de estar allí parada se acerca un auto que me hace juego de luces, el que manejaba era un hombre ya entrado en años, de pelo escaso y canoso, el tipo ideal para hacer realidad mi tan anhelada fantasía. Subí al auto sin demora y lo salude con un beso en la mejilla, pero al igual que yo la otra noche en la sala de Chat, él tampoco se anduvo con vueltas y agarrándome del mentón con una mano me besó en la boca. No me opuse, total era lo que buscaba y le devolví el beso con lamisca intensidad, saboreando su lengua con mis labios, sintiendo en mi paladar el sabor del cigarrillo que seguramente se había fumado hacia unos instantes.
-¿Mariela?-
-¿Joaquín?-
Nos reímos al darnos cuenta que recién nos conocíamos y ya estábamos besándonos apasionadamente. Tras el beso se puso en marcha y me llevó a un telo de lujo. En la habitación seguimos besándonos, aunque ahora metiéndonos manos por todos lados, palpando esas zonas de nuestros cuerpos que ya incitaban nuestras más aviesas fantasías. Ansiosa como estaba me senté en la cama y empecé a desabrocharle el pantalón, sin dejar de palpar ese tenso abultamiento que a la altura de la bragueta crecía y crecía desmedidamente. Sin demora alguna le pelé entonces la pija y agarrándosela con una mano me puse a chupársela con fruición y avidez, saboreando en toda su longitud esa verga añeja que palpitaba frenéticamente, me la metía y sacaba de la boca, chupándola toda, lamiéndola, besándola, dispuesta a sacarme las ganas. Los emocionados suspiros del viejo me incitaban todavía más, de modo que ponía lo mejor de mí para prodigarle una mamada de antología. Iba y venía con la lengua por toda su extensión, subía por un lado y bajaba por otro, me llenaba el paladar con esa carne que me proporcionaba el mayor de los gustos.
Ahora que ya la tenía bien dura y enhiesta, me desnude por completo y me tendí en cuatro sobre la cama, levantando bien la colita, entregándome por completo a ese gerente que estaba más que dispuesto a complacerme. Enseguida se puso tras de mí, me la puso en el sitio adecuado y…, mi fantasía comenzó a hacerse realidad. Me estaba cogiendo un viejo, ¡y de que manera!, me la metía y sacaba con un ritmo arrollador, arrasándome con esa virilidad de antaño que me complacía formidablemente. ¡Que viejo, por Dios! ¡Garchaba como los Dioses!, y yo que no paraba de mojarme. Me deshacía en suspiros y jadeos por demás complacidos.
Luego me le subí encima, él acostado de espalda, y yo montándolo con todo mi apasionado fervor, dejando que esa experimentada verga entrara y saliera cuántas veces le diera la gana. Desde abajo me amasaba las tetas, me retorcía los pezones con sus dedos, arrancándome unos gemidos rebosantes de satisfacción. Yo subía y abajaba, disfrutando a más no poder de esa fantasía que finalmente hacía realidad, estaba como en un sueño, como en un trance, las arrugas, la piel, el aroma de aquel hombre maduro que hasta podría ser mi padre me volvían totalmente loca. Cogimos en todas las posiciones que podíamos, arriba, abajo, de costado, en cuatro, de parados, hasta echados en el suelo, nos matamos a polvos disfrutando de esa diferencia de edad que era el verdadero afrodisíaco para hacer de aquel encuentro algo absolutamente inolvidable.
Hacia el final la seguimos con una buena enculada, una de mis obsesiones, para terminar un rato después con su verga en mi boca soltando chorro tras chorro de esperma, ahogándome con esa espesa efusividad que tanto me agrada, y mirándolo en todo momento a los ojos, me tragué hasta la última gota, relamiéndome gustosamente, para luego abrir la boca, sacar la lengua afuera y mostrarle que me había tragado todo, hasta la última gota y que me había gustado.
Sin quedarse atrás me agarró y me besó en la boca, saboreando en mi paladar su propia esencia. Fue entonces que más allá de haber cumplido mi fantasía comencé a pensar seriamente en tener un amante maduro, alguien como él, por supuesto. Después de todo la habíamos pasado muy bien. Para que cortarla, ¿no?

http://es.paperblog.com/users/mariela/

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Putita deliciosa

almas que le van con arrugitas jajaj es broma

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