Eva
Después de mis aventuras y desventuras con Laura cambié de oficio y también de ciudad; aunque la había perdido de vista, en cualquier momento podía volver, es lo que tienen las ciudades pequeñas, y no sabía que podía hacer mi antigua cómplice con la información que tenía de mi. Así pues decidí ir a vivir a una gran ciudad anónima donde todo se diluye y pasé a vivir mi vida.
Un año después de haber tomado esta decisión me dijo un primo mío que su hija Eva iba a venir a vivir en Madrid para estudiar en la universidad, que buscaba un colegio mayor o apartamento con muchachas, pero mientras lo encontraba quería saber si podía pasar algunos días en mi casa. Le contesté que sí, de mil amores.
Eva era una chica gordita, con granos en la cara, fuerte como una mula, cuando ella solo tenía once años ya era más fuerte que yo, lo supe un día que, en el campo, fue capaz de levantar una piedra que yo había intentado mover inútilmente; desde aquel día Eva se había desarrollado mucho, había crecido hasta un metro setenta y tres, y había llegado a los ochenta kilos de peso de músculos de acero, porque mi sobrina acostumbraba a nadar todos los días varios kilómetros y, sin ser socorrista, había salvado la vida a un muchacho que se iba a ahogar el año anterior. Bueno el caso es que le dije que sí y unos días después padre e hija se presentaron en mi casa, el padre después de comer se volvió a nuestra ciudad y me quedé a solas con ella.
Ya no tenía granos y abultaba un poco más que el año anterior, y mucho más que yo. Le dije de deshacer las maletas y guardar sus cosas en su armario y accedió, fui a coger su maleta grande para llevarla a su habitación y me dijo sonriendo: "déjame a mí, tu no puedes con esa maleta, pesa demasiado, tu toma la pequeña." Esas palabras, quizá por lo ciertas, me molestaron muchísimo, hirieron un resto de orgullo tonto que me sorprendió tener, creía que después de las grandes palizas que me había dado Laura, ya no me quedarían prejuicios. El caso es que me lancé por la maleta como una fiera y fue a suceder que ella, más realista que yo, tenía razón, apenas podía moverla. Eva me apartó suavemente y levantó la maleta con mucha facilidad, la llevó hasta su cuarto y la depositó en la cama sin esfuerzo aparente. En ese punto pudo terminar todo, pero ella dijo, "lo ves, canijín, tu no podías ni moverla y yo la he levantado sin la menor dificultad. Me debí poner muy colorado, y Eva me dio unas palmadas en la espalda mientras decía no te preocupes por ser canijo, tío, no pienso pegarte ni abusar de ti. Esa fue la gota que reboso el vaso. Le pregunté si realmente se creía tan fuerte, me contestó que si, que era muy fuerte y, a su vez me preguntó si yo tenía o no ojos en la cara y quitándose la chaqueta dejó al desnudo un brazo que flexionó marcando un bíceps de muy buen tamaño, para mi lo quisiera yo. Me invitó a tocarlo, lo que hice; me preguntó si estaba ya convencido de su superioridad y le respondí que no, me retó a echarle un pulso, acepté.
Echamos varios pulsos, en todos me arrasó, con la mano izquierda, con la derecha, en los pulsos de pie, a doble mano, en pocos segundos me hizo arrodillarme con un horrible dolor en mis manos. Ahora, a toro pasado, no comprendo como pude estar tan obcecado, pero en aquel momento cada derrota me ponía un poco más fuera de mi, ¡como una niña me estaba aplastando sin dificultad! estaba realmente ardiendo de la indignación, no asumía que Eva era una mujer joven, fuerte y yo un anciano. Fuera de cualquier sentido común la reté a pelear ella que estaba tranquila me dijo que no, pero cometió un error, o no, dio como razón que no quería hacerme daño, con lo que yo en vez de calmarme me excite más y le dije: "no quieres pelear porque me temes, porque sabes que solo eres una pobre gorda, y aunque seas algo más fuerte que yo no eres ágil y te puedo vencer sin despeinarme. En ese momento mi sobrina me dio una bofetada que me tiró al suelo tan largo era y dijo:
"Eso es solo para que te calmes, estás histérico", se acercó a mi y me colocó un pie en el cuello,
"si quieres que peleemos lo haremos, pero antes voy a hacerte algunos comentarios. Debemos fijar el tipo de lucha, si hay algún tipo de límite o quieres lucha extrema, a mi me da igual, porque si al final luchamos te voy a aplastar como a una cucaracha sin problemas. También quiero decirte que hasta ayer además de nadar he hecho pesas y... lucha libre. He participado en combates mixtos de todo tipo y siempre he destrozado a mi oponente. Ahora hay tres posibilidades. La primera es que te pongas de rodillas y me pidas perdón, en ese caso te perdonaré y seguiremos como antes de tu estúpido pique de la maleta y lo que ha seguido, como si todo lo de los últimos minutos no hubiera sucedido. La segundo es que me pidas perdón y peleemos, simplemente porque eres masoquista y me lo pidas por sentir el placer de ser vencido por una mujer, en ese caso te venceré, pero no seré cruel tras mi victoria, simplemente serás mi esclavo personal, la criadita de la casa, por una semana. La tercera posibilidad es que no pidas perdón, en ese caso te daré una paliza que nunca olvidarás y te convertiré en mi esclavo todo uso por un mes, tu decides."
"¿Qué quiere decir todo uso? ¿Qué quiere decir una paliza que nunca olvidaré?" pregunté, la verdad es que parecía venirme la razón con su pie aplastando mi cuello, quizá hubiera pedido perdón y la cosa no habría seguido adelante si ella hubiera contestado de otro modo, pero muy despectiva aseguró que me pegaría todo tipo de golpes en todas partes de mi cuerpo vencido, que me inmovilizaría de todas las formas que conocía, que eran muchas, que me estrangularía de bastantes formas, que en mitad de la pelea, de la masacre dijo ella, me pondría en sus piernas y me azotaría el culo con la zapatilla hasta que suplicara clemencia. Al fin dijo que lucharía desnuda para poner su culo en mi cara y asfixiarme y frotarse contra mi. Respecto de ser su esclavo todo uso que eso implicaba, además de ser la criadita de la casa, otros usos como que cuando ella viera la tele y tuviera ganas de orinar debía acercarme y ponerme bajo ella para que lo hiciera en mi boca, o lamer sus pies y masajearlos cuando le dolieran. "Esas son las cosas que dan a una hembra verdadera sensación de poder... Decide" dijo, y apretó mi cuello con su pie.
Yo le respondí que me quitara el pie de encima, me levanté y cuando estábamos los dos frente a frente...
Continuara
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